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¿A cuantos personajes históricos recononces?
El blog La historia Interminable renovado y celebrando su 2º año en la red

martes, 7 de agosto de 2012

Los héroes de Clint Eastwood


El oeste americano resulta ya un tema tan pasado de rosca que es ya no sinónimo de cutre, sino incluso de incultura. Muchos relacionan ya la palabra vaquero con un insulto y aun más ven los westerns como pelis de tiros sin sentido, como el señor Tarantino pretende mostrarnos con su futura Django desatado (el genial músico francés se removerá en su tumba viendo lo que se asocia a su nombre).Pero volviendo al western basándome en las tesis que mi padre defiende, cuando a un género o persona le salen las coñas y las parodias, es cuestión de unos años que se desplome. Y si ya se pudieron partir el culo de la risa con La leyenda de la ciudad sin nombre allá por los 60, se puede afirmar que el western lleva lo menos 40 años más muerto que el general Custer.
¿Pero cuando nació la estética Western? Pues desde luego, no os creáis que en el salvaje oeste tenían tiempo para tensos duelos de pistolas (es más, he leído que eran más comunes las peleas perras de navajas a la andaluza porque una bala para un Desperado podía suponer un montón de pasta) o para muchos rodeos.
Me rasqué la cabeza el otro día y al igual que el verano pasado destapé muchos mitos sobre piratas, este me ha dado por los vaqueros. Así sin más dilación ni dilatación os traigo un emocionante relato sobre cómo nació la mamarrachada americana alrededor de su miserable pasado que tanto adoran. Así que coge el Smith and Wesson, cálzate las botas y prepárate para recibir una balasera de datos sobre el origen del western de circo.

Nuestro relato comienza con un chavalillo venido a menos que nació en 1845, obviamente, en los estados juntitos de América. Todos lo conocieron por Cody, pero en el año de 1868 sus peripecias con el rifle le valieron el sobrenombre que le dio fama de por vida: Buffalo Bill.
¿Pero que sabemos por aquí realmente sobre este tan mentado personaje? Cuando he hablado con gente sobre él le han llamado mata indios, sudista o incluso forajido. Pues nada más lejos de la verdad. Leyendo su biografía descubrimos que tuvo más de aventurero y de tipo auténtico que de cabrón.
Bill en 1916
Para empezar, su padre siempre se opuso a las ideas esclavistas y defendió que Kansas debía ser un estado sin esclavitud. Esto no debió de cuajar mucho en la casa de cultura y tolerancia de Arkansas, porque un navajazo dejó al papi de Billy tocado de por vida hasta que la diñó unos años después. Ya sin papi Buffalo, Billy se tuvo que buscar la vida como mensajero, explorador para el ejército o cartero transcontinental. Cuando murió también mami Buffalo, ya libre de todo retuerce de orejas, se alistó en el ejército y luchó con la unión en la guerra de secesión (que si coña, esa riña entre esclavistas y “solo racistas” que tanto sacan en las pelis americanas). Acabada su posibilidad de aventuras bélicas al firmarse la paz, se decidió a buscar oro con poco éxito y se hizo explorador para el ejército y el ferrocarril valiéndole Medallita de honor (como el videojuego). El famoso apodo le viene de aquella época de explorador para el ferrocarril, donde se dedicaba a abastecer a los ferroviarios de carne de búfalo cazando 4.280 animalitos en 8 meses. Su fama con el rifle fue tal que los ricachones del este lo contrataban incluso como ayudante de cacerías. Poco después montó un hotel y con el tiempo incluso fundó la ciudad que lleva su nombre: Cody, en el estado de Wyoming.

Su respeto por los indios resulta notable, al menos, para los años en los que hablamos (hoy en día seguro que lo veíamos recibiendo quejas de asociaciones de padres). Los conoció bien durante sus exploraciones y aprendió sus costumbres. Luchó bastante por sus derechos e incluso decía comprender las causas sus levantamientos violentos, fruto de timos o presiones por parte del estado. También cabe destacar que a pesar de ser uno de los principales asesinos de búfalos de la historia ya cercana la hora de picharla (donde por si las moscas se apuntó al cristianismo, no fuera a ser que luego tuviera una eternidad para reírse desde el infierno) reconoció que sus matanzas de animales habían sido un error. En vida también fomentó la cacería por temporadas, menos agresiva con los animales.

Con este alucinante curriculum uno se queda lo que los filólogos denominan Flipao. Pues por si su vida no era ya lo suficientemente alucinante, el tipo tuvo tiempo de aportar a la historia americana y más bien a la del espectáculo la extensión mundial del western americano.


Por aquel entonces, circos y otros artistas itinerantes gozaban de mucha acogida. Si vives sin tele al ver llegar a unos tíos en carromato que realizan simpares virguerías no es de extrañar que te den ganas de dejarte tus cinco centavos (una barrabasada para la época) en ver a un tipo meterse antorchas por la boca. Pues Billy no podía ser menos y rascando de aquí y de allí consiguió fundar un espectáculo itinerante que bautizó como  Buffalo Bill´s Wild West (el lejano oeste de Buffalo Bill) donde comenzaron a realizarse los famosos espectáculos del wild west. Su menú no solo incluía rodeos, sino también cabalgatas de los más variopintos tipos de indios y otras razas igual de chocantes para los yanquis (como cosacos y gauchos), recreaciones de ataques a diligencias o una aldea india. Con estos dos últimos espectáculos no solo daba trabajo a los indios (no un gran trabajo, pero oye) sino que aparte de ponerlos como fieros guerreros atraca diligencias, también mostraba su modo de vida, tratándolos como un pueblo, no como unos salvajes.

Por su circo pasaron toda serie de aventureros que o bien trabajaron poco tiempo hasta tener suficiente para seguir con sus aventuras o vaqueros ya famosos pero viejos que querían una tranquilita retirada donde poder seguir luciéndose.

Oakley
Uno de los platos fuertes de su espectáculo lo constituían las exhibiciones de tiro, donde destacó y brillo con luz propia Anie Oakley, una de las mejores tiradoras del mundo. Esta autentica prodigio del dispare venció a un famoso tirador llamado Buttler cuando solo contaba 15 años, acertando todos los blancos de 25 y fallando su contrincante un tiro. Con esto no solo ganó los 100 dólares de la apuesta, sino también el amor de Buttler, con el que se casó un año después (muy listo por su parte, ya que así recuperaría los 100 dólares de manera legal). Su matrimonio fue fructífero: Su marido hizo las veces de manager y de diana, ya que el truco estrella de Oakley era disparar al cigarrillo de su marido, amén de darle a un centavo tirado al aire, agujerear una carta a treinta pasos de distancia o volarle manzanas sobre la cabeza a su perrito George (el cual debió de tener serios problemas psicológicos y pánico escénico). Oakley no solo fue considerada una gran tiradora, sino también luchadora por la situación de las mujeres, intentando formar batallones de mujeres para la guerra de cuba o la primera guerra mundial. El gobierno de EEUU rechazó las ideas, seguramente por miedo a que Annie dejase en ridículo al cuerpo de marines.

Aunque en hoy en día pocos aquí lo conozcan, no debemos olvidar hablar de un célebre pistolero que también formó parte del circo de Buffalo, aunque poco tiempo y siendo aun joven. A este curioso personaje directores como Sergio Leone le deben mucho: James Butler Hickok o para los amigos (y no tan amigos) Wild Bill. Ahora veremos qué es lo que Hollywood y el Espagueti Western le deben.

Wild Bill Hickok
Explorador, conductor de diligencias y en resumen, otro aventurero similar al resto de chalados ya citados pero que resalta por su manera de acabar con sus enemigos Y es que el amigo Wild Bill protagonizó el primer duelo a lo Clint Eastwood documentado de la historia. Nuestro Wild Bill acostumbraba a pedir dinero a un tal Davis Tutt, un amigo que se había echado practicando una de sus pasiones: El poker. Y para Wild Bill tener un amigo significaba tener un banco con piernas al que poder pedirle dinero a espuertas. Esto no debió de molestar mucho al tal Davis, pero el caso es que su relación comenzó a ponerse más tensa que la cuerda de un piano con el tiempo, algunos dicen que por una mujer de por medio o porque Bill se tiró a la hermana de Davis dejándola preñada. La cosa es que dejaron de jugar a las cartas juntitos y Davis comenzó a prestar dinero, pero a los rivales de Wild Bill. Y en una de estas, Davis y Bill se encontraban en una timba de poker. Davis aconsejaba al rival de Bill y este jugaba lo mejor que podía. Tan bien lo hizo que ganó al oponente, lo cual jodió bastante a Davis. Este le reclamó una deuda de 35 dólares que Bill aseguraba ser de 25. Davis no se cortó y le quitó el reloj. Bill le advirtió que estaba jugando con fuego pero Davis se lo tomó como palabras huecas. Error mortal. Y así cuando Davis apareció por la plaza de Missouri luciendo el reloj (yo me lo  imagino haciéndolo girar cual raterillo del rastro), Wild Bill apareció y bueno, como decía la canción de Lucky Luke: Bang Bang…
Davis cayó muerto con un tiro en el corazón, disparado por Bill desde la friolera distancia de ¡68 metros! Hay quien dice que se oyó un solo disparo, a pesar de haberse producido dos. Y es que ambos fueron tan seguidos que sonaron como uno ¿Leyenda? ¡Quién sabe, hablando precisamente de personas que son leyenda!
Tras ser absuelto, esta hazaña lo persiguió el resto de su vida y le dio muy mala publicidad, pero también renombre. Después de este duelo se sucedieron otros tantos, diciéndose por ahí que llegando a matar a más de 100 (dato que hoy en día es tachado de bulo).
La mano del muerto
Y si la fama (en este caso mala) le vino jugando al poker, la muerte lo sorprendió también dejándose las perras a las cartas. Habiéndose sentado en un mal sitio (detrás de una puerta), un tipo le voló la sesera cuando recibía la quinta carta. La mano que tenía en aquel momento,  una doble pareja de ochos y ases y una carta sin descubrir se conoce hoy en día como la mano del muerto. ¡Qué yuyu si te toca y estas de espaldas a una puerta!

Jane
Uno de los más (hoy en día) recordados personajes que pasaron por el Bufalo Bill´s Wild West es Calamity Jane, más famosa por sus anteriores correrías que por su contribución al western. Jane, aficionada a la trola y la exageración está rodeada de lagunas y calvas sobre su vida debido a que se atribuía azañas y encuentros que nunca se habían celebrado: Juró haber servido para el general Custer en un fuerte sobre el que no hay datos que haya pisado. De igual extraña biografía que el resto de personajillos que pulularon por el circo de Bill, Calamity fue (según algunas fuentes de internet) exploradora para el ejército, meretriz, escolta de diligencias y enfermera ocasional (en la epidemia de viruela de 1876). Afirmó toda la vida haber tenido un romance con nuestro amigo Wild Bill, del que se quedó prendada de por vida y junto al cual está enterrada. Aun así pasaron poco tiempo juntos y Bill se casó con una tal Agnes en 1876. Pero oye, hay algo que se ha de añadir: En 1941 un vejete de 67 años reclamó una pensión defendiendo ser hijo de Wild Bill Hickok y Calamity Jane, presentando como prueba un trozo de biblia firmado por dos reverendos que aseguraba que Bill y Jane se habían casado en Montana en 1873. Una versión sin verificar defiende que el hijo de Calamity Jane fue adoptado por un capitán llamado O´Neil en extrañas circunstancias. El tal O´Neil viajaba en un barco cuando descubrió a Jane enferma con un bebé de dos días en un camarote. Jane le informó de que era incapaz de cuidar del bebé, adoptando el capitán al niño. Yo no acabo de creérmelo. ¿Rechazaría nuestra Jane lo único que le quedaba de Bill?

Toro Sentado y Buffalo Bill
Entre los indios del elenco, encontramos al conocido Toro Sentado, famoso por sus escaramuzas militares como la de Little Bit Horn donde acabó con el ejército del general Custer. Tras huir a Canadá y ser amnistiado, se sumó al circo y se granjeó la amistad de Buffalo.

Todo este grupo de personajillos tuvo el honor de conocer a Buffalo Bill, el pionero de los buscavidas del oeste,  y de participar en su circo, del que nos estamos olvidando entre tanta biografía. Pero ¿Qué fue del circo? ¿Se quedó en los Estados Juntitos? Nada más lejos. La fama del Oeste de Buffalo Bill no solo se extendió a los EEUU, sino que pronto (y sobre todo fomentado por su aparición en la feria mundial de Chicago) él y sus personajillos realizaron giras mundiales, llegando a actuar en el jubileo de la reina Victoria (yo desde luego no me la imagino dando palmadas al son de un rodeo) o incluso haciendo el truco del cigarrillo de Oakley a un príncipe alemán (si Francia hubiese andado lista, hubiera pagado a la amiga Anie para que el rifle apuntase un poco mas pa riba).

Ya para acabar, os dejo aquí una grabación histórica realizada por la compañía cinematográfica de Edyson en la que se ven diferentes espectáculos del circo, con sus desfiles por las calles, los tiros de la Oakley, danzas indias y rodeos. También un pequeño video donde vemos a Buffalo saludando a su manera y si queréis imaginarlo así, despidiéndose de esta entrada extra-larga que ya acaba.

martes, 15 de mayo de 2012

No mandes a un pastelero el trabajo de un rey


Vivimos en una época tan curiosa que si vemos al nieto del rey pegándose un tiro en el pie nos reímos, nos quejamos y lo archivamos dos semanas después en ese cajón que España tiene pendiente desde tiempos de la guerra de independencia.
Y es que hoy en día la casa real tiene tanto escándalo que ya es casi como si oyéramos llover ¿Otro millón? Piché, era de esperar de semejantes jetas.
Pero claro, un escándalo en la “corte” no significaba lo mismo hace 400 años, y además, tenían más bien pinta de sainete que de rey pegando tiros por África. Así queridos lectores  hablamos en esta entrada del caso del Pastelero de Madrigal.


Sebastian de Portugal


Nos vamos a la península ibérica en el 1594 y recordamos que pegado al sobaco izquierdo de España hay un país llamado Portugal que en su día se comió el mundo. El reino Portugués atravesaba un duro momento causado por su rey. Sebastián I de Portugal, el monarca en cuestión, fue según muchos cronistas, un místico pichafloja incapaz de tener hijos que sufrió el efecto Michael Jackson: Se hizo más amado muerto que vivo. Porque el rey, que tampoco fuese la leche, murió en la cruenta batalla de Alcazarquivir, dejando al reino a merced las codiciosas manos de Felipe II, familiar del cadáver. No obstante y cual niños pequeños, muchísimos (y cuando digo muchísimos son muchísimos) portugueses comenzaron a inventar leyendas sobre el rey, diciendo que estaba vivo y esperando el momento para “resucitar”, que era un enviado de Dios y otras paridas similares   
Juan I de Portugal
que juntadas con teorías utópicas y trovas a su persona, dieron hasta una especie de secta prohibida llamada Sebastianismo, incluso perseguida por la inquisición. Esta situación, que no deja de recordar a la del Ricardo Corazón del Robin Hood, propició la aparición de múltiples jetas que quisieron quedarse con el trono, como el caso de Antonio I de Portugal, el cual se proclamó rey con gran ovación popular. No obstante, Felipe II, que vio sus planes de anexionarse el país frustrados, desplegó a las tropas y el pretendiente tuvo que pirarse del país con las joyas de la corona encima y todo (que vendió para costearse una flota que se hundió estrepitosamente)
                                                                                                                  

Así que tenemos un Portugal de destino incierto, depositando su fe en un rey muerto (o eso dijeron los pocos que habían visto su cadáver),  y lidiando contra un monarca Español que celebraba con vino la poca movilidad de los espermatozoides de la casa real Portuguesa. En este confuso marco histórico digno de un esperpento, encontramos nuestra comedia.

                                                                                                                    
Espinosa el Pastelero
Todo comenzó con un cura, mejor dicho, un vicario benedictino. Pero no uno cualquiera. Fray Miguel de los Santos había sido confesor del rey Sebastián y un fiel seguidor de su supuesto sucesor Juan I, lo cual le valió el destierro y una colleja. Sebastianista y fiel seguidor de la independencia de Portugal de España, sobre todo por eso de poder volver a su casa, urdió una oscura idea cuando conoció a un tal Gabriel de Espinosa, un pastelero (en aquel entonces, fabricante de empanadas) que vivía en Madrigal. El empanadero guardaba un fuerte parecido con el monarca muerto (los dos eran pelirrojos, algo muy difícil de encontrar en aquel entonces) y hablaba además varios idiomas, por no hablar de    que sabía montar y de sus correctas maneras, parecidas a las del místico Sebastián. A Fray Miguel se le encendió la velita (por aquel entonces se decía eso en vez de la bombillita) y se puso en contacto con el empanadero. Tras contarle su plan, Espinosa aceptó viéndose pronto colmado de riquezas y dejándose de empanadas. Fray Miguel ya tenía un rey si, pero necesitaba algo más para que el plan colase. Necesitaba una reina, y no podía ser otra que Doña María Ana de Austria. Esta era una mujer de carácter aventurero, recluida en un convento desde los seis años. Prima de Sebastian, conocía sus hazañas bélicas y lo admiraba. Así Fray Miguel vio en ella una futura reina primero por ser de sangre real y segundo por admirar a su primito Sebastiano el pichafloja cual héroe Portugués. Así presento a Espinosa, bien arregladito y perfumado y a Doña María a través de una reja del convento. Y al conocerse, surgió el amor (que bonito…) . Muchos cronistas apoyan que se debe a la idolatría de Doña María a su primo, otros a las buenas maneras de Espinosa, pero hay otros tantos que afirman que Doña María se hizo la enamorada para escapar del puñetero convento y ser reina.
Doña María
Así ambos aprovechaos se prometieron para gran júbilo del fraile jeta, a la espera de que a Doña María la dejasen casarse (por eso de ser monja). Tras anunciar su futuro casamiento, muchos nobles acudieron a ver al rey cual Jesucristo resucitado, afirmando que el empanadero era el rey místico que liberaría a Portugual del yugo Español. Y parecía que todo iba a acabar bien: María reina, Espinosa rey y Fray Miguel de nuevo en Portugal y opositando para cardenal. Pero, como diría Felipe II, no mandes a un pastelero el trabajo de un rey… Espinosa, como él mismo y no de rey, fue por ahí de viaje con unas joyas de Doña María, hay quien dice que para venderlas y hay quien dice que huyendo del peligroso plan del fraile. Fardando de joyas reales y poniendo al rey a parir, fue detenido y encarcelado. Pero la mayor cagada vino cuando le pillaron al nene unas cartitas encima muy interesantes. Dos de Fray Miguel y dos de Doña María, ambas tratándole de “majestad” y “futuro marido de Doña María”.


Y al pastelero le descubrieron el pastel. Los juicios, liosos y laaaargos, utilizaron hasta la tortura. Se juzgó a todo Dios: A Espinosa, a Fray Miguel, a Doña Maria e incluso a la mujer de Espinosa, a la cual le dieron unas cuantas hostias. Espinosa sufrió la misma condena que los anteriores impostores (es decir, que la idea no era nada nuevo). El 1 de agosto de 1595 fue ahorcado en Madrigal con una tranquilidad propia de un hombre que sabe que le han pillado, para luego ser descuartizado y exhibidas sus partes por la ciudad. Fray Miguel tuvo mas de lo mismo. Tras quitarle el título eclesiástico, fue ahorcado, ahora de manera “legal” ante Dios, unos meses después de Espinosa. Su cabeza, para hacer compañía a la del empanadero, fue llevada a Madrigal. Doña María tuvo más suerte y se fue de rositas. Bueno, de rositas, rositas no: La encerraron en un convento de por vida. Eso si, cuando pasaron los años, llegó a Abadesa de Las huelgas, uno de los mayores cargos eclesiásticos a los que podía aspirar una mujer.


Se dice que Fray Miguel aseguró poco antes de morir que Espinosa era el auténtico Sebastian y que llegó incluso a creérselo. No obstante, se dice que su destreza con el caballo se debe a un tiempo en la milicia y que Espinosa no era sino un hombre que aspiró a mas y le salió mu mal.



Y así acaba una trama digna de Lope de Vega, con todos escarmentados y Portugal subordinado a España ¡Que bonito!

lunes, 26 de marzo de 2012

El día que España se limpió el culo con el honor inglés




Revisando artículos antiguos del blog descubro que hace tiempo que no os cuento una batallita de las mías, así que parece que toca una de guerra (que como decía Lenin, aceleraban la historia). Poneos el tricornio, porque hoy nos vamos a ver lo que pasó en Cartagena de las Indias en 1741

Ya se sabe (o quizás no) que España en su tiempo, no era una monarquía bananera, sino un imperio de estos de trompetillas y mucho dorado en los cuadros. Los bastos dominios de los reyes Bobones se extendían por las cálidas aguas caribeñas poseyendo numerosas islas así como gran parte del continente Sudamericano. Era cierto que a mediados del siglo XVIII el reino estaba en decadencia, y que las colonias no es que fuesen muy bien, pero oye, solo pensar que en un islote lleno de monos los españoles teníamos una bandera daba a los reyes una alegría… Yo pienso que se podían conformar con las alegrías de controlar todo un país, pero en fin.

No obstante, unos hombrecillos bigotudos y que hablaban raro, llamados británicos, tacharon de gran bobada aquel sentimiento posesivo de nuestros reyes. Eso si, no quiero decir con esto que les pareciese mal poseer islas. ¡Que va! Si tenían también ellos sus colonias de ultra mar (como Jamaica). Lo que si que consideraban injusto es que un imperio tuviese territorios por tener, sin sacarles todo el juguillo posible. Por eso sintieron la llamada del colonialismo y calzándose las polainas, decidieron arrebatar a España el control del caribe. Pero claro ¿Cómo lo hacemos? Estaba claro que por medio de la ofensiva pero… ¿Iniciar una guerra? El primer plan de los ingleses fue el de hundir la maltrecha economía española. Tras meter un poco la zarpa en la guerra de Sucesión, Gran Bretaña consiguió el derecho de vender esclavos negros en América y otra serie de chucherias comerciales que le permitieron joder un poco a España en lo que al vende-compra caribeño se refería. Pero nada: Aferraos a sus islas no había dios que pudiese hundir el comercio español, que un principio parecía paupérrimo. Además, el imperio no se ando con chiquitas. Tras intentar invadir Gran Bretaña (y reclamar Gibraltar y otras tantas cosas) consiguió prohibir a los ingleses el comercio directo con las Américas Españolas. Aun así, los ingleses probaron métodos menos diplomáticos de ganar: A base de corsarios, contrabando y otras acciones dignas de Al Capone.

Pero un maravilloso día a Inglaterra se le presentó la oportunidad de empezar a pegar cañonazos. Todo comenzó con el arresto de un contrabandista inglés llamado Jenkins a manos de un capitán español, un tal Fandiño. El capitán, que se había levantado de buen humor, decidió cortar la oreja al marino como castigo (con un gran abucheo por parte de la tripulación, que esperaban que el capitán no fuese TAN benévolo). Tras cortársela, dio a Jenkins su oreja y le dijo como a un niño pequeño: Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve.

Jenkins, al cual no le gustó mucho que el capitán Fandiño le afeitase, guardó la oreja en un bote y se fue a Londres a llorarle a Jorge II. Tras muchas cavilaciones y vueltas de un lado para otro, el rey decidió utilizar esto como excusa para poder arrebatar a España sus islas mal aprovechadas y así, por el bien de (casi) todos, lucrarse.

Y nada, los soldados se embarcaron y cantando el Lilliburlero, se fueron a pegar tiros en las islas Españolas a manos de un oficial llamado Vernon, apodado Old Grog (no por la bebida, sino por el tipo de casaca que usaba). Así comenzó lo que se conoce como la Guerra de La oreja de Jenkins (si, si, un nombre tonto para una guerra de motivos tontos)

Vernon decidió atacar primero la población de Puerto Bello, que tras derrocar a las mal organizadas tropas, conquistó sin mucho esfuerzo. Su acción se celebró con grandes vítores (de hecho, la calle Londinense de Portobello, famosa por su mercadillo, le debe su nombre a esta batalla) e incluso se celebró una cena en su honor, cena en la que se presentó, por primera vez al mundo, el famoso God Save the King

Tras otros éxitos facilongos a manos de Vernon, recibió cartas de numerosos fans que le instaban a tomar la ciudad de Cartagena de las Indias (muy entrometidos ellos). Vernon, encantau de todo el caso que le estaban haciendo, agarró la pluma y el papel y escribió una carta al teniente encargado de la defensa de la Cartagena diciendo: A los prisioneros los trato bien, a pesar de que no se lo merecen.

En el momento en el que la echó al buzón dieciochesco no lo supo, pero acababa de provocar a una de las mayores fieras que España tuvo el glorioso honor de parir entre sangre y fuego: Blas de Lezo





Para empezar, digamos que Blas de Lezo venía ya de una familia que tenía el salitre en las venas: Gran parte de su linaje había sido marino. Tras irse a Francia a aprender a sumar con los dedos, se enrolló como guardiamarina (grumetillo de almirante en otras palabras) con doce años y comenzó a hacer lo que mejor se le daba: Sufrin cual legionario.

A los catorce años un cañonazo le voló la pierna izquierda, a los diecisiete perdió un ojo y a los veinticinco la movilidad del brazo derecho de un mosquetazo. Como la marina española no es desconsiderada, junto a lo que quedó de él dejaron la medalla de capitán y le dieron unas palmaditas en el papo diciendo: Te lo has ganado nene.

El hecho de que quedase como un action-man de todo a cien le valió el sobrenombre de Patapalo (que si que si, como los polos) y también el de Medio Hombre.. Eso sí, si tan solo era medio, no sé que hubiera sido de España con un Blas de Lezo entero, porque…

Cual antivirus de corsarios limpió el Caribe de sus actividades delictivas y dio caza al famoso John Clipperton, pirata conocido principalmente por poseer la isla más ridícula del mundo. Poniéndose chulo hizo de cobrador del cañón con la república de Génova, que debía a España la friolera de dos millones de pesos. Tras enseñarles un reloj y demostrar que sus cañoneros podían darle a una mosca a medio kilómetro de distancia, Génova pagó acogoná.

Siguiendo sus correrías, atacó Orán dos veces: Una para conquistarla y otra para conquistarla pero ya en condiciones.

Este auténtico personaje fue, estoy casi seguro (y lo digo por la coincidencia del mote) inspiración para crear al personaje de Don Marcial del Trafalgar de Galdós:

Marcial (nunca supe su apellido), llamado entre los marineros Medio-hombre, había sido contramaestre en barcos de guerra durante cuarenta años. En la época de mi narración, la facha de este héroe de los mares era de lo más singular que puede imaginarse. Figúrense ustedes, señores míos, un hombre viejo, más bien alto que bajo, con una pierna de palo, el brazo izquierdo cortado a cercén más abajo del codo, un ojo menos, la cara garabateada por multitud de chirlos en todas direcciones y con desorden trazados por armas enemigas de diferentes clases, con la tez morena y curtida como la de todos los marinos viejos, con una voz ronca, hueca y perezosa que no se parecía a la de ningún habitante racional de tierra firme, y podrán formarse idea de este personaje, cuyo recuerdo me hace deplorar la sequedad de mi paleta, pues a fe que merece ser pintado por un diestro retratista. No puedo decir si su aspecto hacía reír o imponía respeto: creo que ambas cosas a la vez, y según como se le mirase.

Pero dejando a un lado la literatura, volvamos a Medio Hombre, el de verdad.

Este, al recibir la epístola de Vernon, contestó en la línea de la carta recibida:

“Puedo asegurarle a Vuestra Excelencia, que si yo me hubiera hallado en Portobelo, se lo habría impedido, y si las cosas hubieran ido a mi satisfacción, habría ido también a buscarlo a cualquier otra parte, persuadiéndome de que el ánimo que faltó a los de Portobelo, me hubiera sobrado para contener vuestra cobardía”

Vernon, más picao que el ajo de un revuelto soltó amarras en Port Royal (Jamaica) con 186 barcos armados con 2000 cañones y portando 27.600 almas, entre ellas, la del hermanastro de George Washington. ¡Cualquiera le tosía!

Cuando los barcos llegaron a Cartagena el 13 de marzo de 1741, Patapalo contaba solo con 6 barcos, 3000 hombres y unos cuantos arqueros nativos dispuestos a darlo to por el reino que les había robado sus tierras. Además, destacó la figura del ingeniero militar Carlos Desnaux, el cual dando dos martillazos arregló como pudo las ya de por si desgastadas fortalezas que rodeaban la ciudad. Viendo el mapa casero que aquí adjunto, procedo a contar lo que pasó en aquel sitio a la ciudad de Cartagena:


Debido a que la entrada por la batería de Santa Cruz resultaba arriesgada, Vernon atacó primero las de Tierra Bomba (nombre original para una isla en la que poner un fuerte) y San José, desembarcando a sus soldados y consiguiendo en mi poco tiempo cambiar la bandera que ondeaba en el tejado ¡Una gran infamia para los españoles! Quedando ya solo por tomar la guinda: Cartagena y sus baterías colindantes (Pastelillo y San Felipe) Vernon decide atacar con sus potentes barcos. No obstante, como Medio-Hombre se lo olió desde el primer momento, decidió desembarcar los cañones de sus barcos y una vez hubiese hundido los primeros barcos con las piezas en tierra, taponar con ellos el acceso al puerto, dejado al resto de la flota inglesa a merced de los cañones en un laberinto de fragatas a medio-hundir. Perdiendo así gran parte de sus barcos, los ingleses de retiran con el mástil entre las piernas y deciden tomar la fortaleza a la manera de San Fernando: Un rato a pie y otro andando.

Cuando desembarcan cerca de la batería de Manzanillo, caen presa de las trampas de los españoles y de los mosquitos, avanzando cual vieja reumática por la espesa selva tropical. Tras perder a 1500 hombres en una emboscada, se retiran y vuelven a intentarlo. Viendo que los españoles se retiraban al fuerte dijeron: ¡Esta es la buena!

No obstante fue el más penoso de todos los intentos, ya que al intentar salvar el muro con unas escalas construidas midiendo a ojo la altura de las murallas, descubrieron con tremendo horror que Lezo había mandado construir un foso de dos metros, quedando así las escalas cortas y pudiendo alcanzar con las uñas el bordillo de la muralla solo los soldados más altos, pero siendo insuficiente. Murieron 8.000 pinpiolillos.

Vernon ya con la vena del cuello a punto de reventar mando bombardear cual niño con un berrinche la fortaleza durante un mes. Pero amigos míos, lo que no pensó es que lo peor para la puntería de sus cañoneros era las enfermedades tropicales y el calor. El alto mando británico poniendo cara de asco le mando retirarse. Supongo que la cara de asco pasó a cara rabiosa cuando Vernon les informó que había tenido que quemar la mitad de sus barcos por falta de tripulantes.

Antes de retirarse, Vernon escribió otra cartita diciendo que volvería cual malo peliculero, a lo que Lezo, haciendo uso de su sulería contestó: Más te vale traer mas barcos porque los que te han quedado no van a servir ni para llevar carbón (cabrón le faltó añadir)

Todo parecía ir a acabar como en una peli: Ganando los “buenos”. Pero Patapalo jamás fue capaz de contar esta gran victoria, ya que la peste producida por los cadáveres (de los ingleses mayormente) le quitó las alegrías de un plumazo mandándolo al camposanto junto con su pierna y su ojo previamente enterrados cual pez de colores. ¡Al final los soldados consiguieron podridos lo que no habían logrado vivos!

Así, Gran Bretaña tuvo que reconocer la derrota y tragarse con patatas sus bravuconadas, como la de acuñar una serie de monedas que conmemoraban el hipotético hecho de MedioHombre (con las dos patas y todo) rindiéndose a Vernon. Hay quien asegura que a los ingleses esta derrota les jodió tanto que se ocultó el hecho e incluso se lo excluyó de los libros de historia. Seguramente, cuando un tal Vernon, falto de un ojo y de un brazo, hundió la flota española en Trafalgar, toda Inglaterra pensó: Te la teníamos jurada, Patapalo.

Lilliburlero bullen a la…



sábado, 11 de febrero de 2012

Ay ho!, Ay ho! hoy nos toca cantar

Hay quien asegura que el ser humano lleva la música en su interior (y no, no me refiero a los eructos que puedan emular la danza húngara de Mozart). Si es que cuando oímos una cancioncilla pegadiza se hace un hueco con calzador en el cerebro entre el sentido del ridículo y el espacio dedicado a recordar números de teléfono. Es casi imposible determinar cuando nació la música, pero lo que sí que está claro es que nace por pura necesidad. Por eso hoy, torciendo el cuello pa tras cual niña poseída, vuelvo la mirada al pasado y rescato una de las partes más importante de la historia musical, a la que debemos, probablemente, la música que hoy en día tenemos. Hablo de las llamadas Canciones de trabajo, o Work Songs en inglés.

Una canción de trabajo, según definidores de diccionarios y otros tipos que levantan el dedo cuando le dan una explicación a algo (gesto imprescindible si quieres parecer culto y resabido cuando hablas) es aquella canción que se canta generalmente a capela para aliviar la pesadez o el dolor de una tarea repetitiva. Si, si, y es que parece ser que antaño no existían ni los analgésicos ni la radio (jate tu qué cosas). Trabajar en el pasado podía ser incluso más coñazo que trabajar hoy en día. Teniendo en cuenta por ejemplo, que la polea era para los trabajadores del pasado como puede ser hoy para nosotros un máquina que hiciese todo el trabajo con darle a un botón (es decir, un avance de la hostia), podemos comprender que las condiciones de un agricultor no eran las mismas hace doscientos años que hoy en día. Seguirá siendo un trabajo jodido, pero eso sí, no tanto.





Imaginemos por ejemplo, la fabricación de sidra en un caserío de la edad media. Como por aquel entonces no había esas cosas llamadas prensas hidráulicas y que la solución del momento para machacar las manzanas era darles con un mazo de madera hasta hacerlas zumo, triturar una pila de manzanas del tamaño de un cobertizo podía llegar a llevar horas y horas de diversión sin igual. Y claro, imaginemos la escena. Un campesino fuerte, con dos palos acabados en una maza de madera, machaca dos veces dando dos golpes, que sonaban algo así como Pum Pum (para aquellos que se les resista imaginarse cosas por sequedad cerebral, pueden dar un golpe con el pie por cada Pum que lean). Después de ese Pum Pum, un campesino menos mazao, es decir, con una sola maza porque sus bracines de niño le impiden coger más peso (recordemos también que poner a currar a los niños en aquella época era más común que bañarse), pegaba otro golpe para machacar las manzanas que se habían librado de los golpes del campesino fortachón. Así, sonaría un Pum Pum (ambos rápidos) seguido de un Pum (un poco después y siendo este sonido más profundo. Para los más melómanos (aficionados a la música, no a los melones, que de esos abundan en los sex shops), los dos primeros pum equivaldrían a una corchea y el otro a una negra Este sonidito habría que irlo repitiendo hasta exprimir toa la manzaná. Tenemos así, un ritmo, de la manera más tonta. Un Pa-pa Pam, Pa-pa pam, pa-pa pam, pa-pa pam. ¡Joder, si así tocaba Gene Krupa! Con esta base rítmica, es de suponer, que teniendo todo el tiempo del mundo (porque si te tienes que tirar tres horas machacando manzanas te parece que tienes todo el tiempo del mundo) comenzasen a buscarle una melodía al asunto. Así entre pa-pa pam, se fueron añadiendo letras a los golpes. ¡Y ya está, entretenidos con el trabajo! Pero claro, este proceso no lo hacían solo dos, un musculitos y un tirillas, sino toda una familia, o varias familias machando a la vez. Así es como nacían las canciones de trabajo, que además de entretener, hacían las veces de supervisor, ya que si alguien no curraba, pues claro, no sonaba igual, y delataba al vago que estuviese haciendo como que golpeaba. Este ejemplo en concreto nos cuenta cómo nació el instrumento vasco llamado Txalaparta, una especie de xilofonillo de madera que se golpea para conseguir un ruido así como de bosque lleno de niebla (al menos es lo que me imagino cuando la oigo), que pretende imitar ese sonido machacón (¿Lo pillas? Machacón por las manzanas. Juas Juas) de las sidrerías Guipuzkuanas de la edad media y la era moderna. Por si te pica la curiosidad, la txalaparta suena así

Explicado ya como y porque surgen estas canciones, veamos varios ejemplos. La canción de trabajo no es específica de un país, cada uno tiene sus propios tipos.



Marchemos ahora a ese país de poca monta y una población sencillamente ridícula llamado Yankilandia. Aquí encontramos un gran puñado de canciones de trabajo. Comenzando por la costa este, remarquemos las Sea Shanties. Estas son unas canciones influidas por el folklore inglés e irlandés (¿tendrá algo que ver con el hecho de que fuesen en su día una colonia inglesa?) que los marineros cantaban mientras tiraban de pesadas cuerdas o remendaban velas durante la travesía, cuyo mayor influjo se dio en la primera mitad del siglo XIX con la pesca de ballenas. Y es que tirarse semanas en alta mar tirando de un cabo sin más entretenimiento que unos dados que tirar y tirar, podía ser de volverse loco (véase la Cabin Fever) y de tirarse, eso sí, por la borda. Por eso, para que la locura tardase un poco más en llegar, las Sea Shanties se hicieron rápidamente populares en incluso los capitanes animaban a los contramaestres (esos mandamases que Hollywood pone como tipos de mala baba) a cantar las estrofas cambiantes, siendo interrumpidas por una coletilla cantada por los demás marineros, para acabar en un estribillo. Esto las hacía cansinamente repetitivas. Pero cansinas cansinas, de poner la pelota como un cencerro. El contramaestre cantaba:
¡Santana luchó por su fama!
Y ellos respondían:
¡Lejos Santana!
El contramaestre volvía con:
¡Y Santana se hizo un nombre!
Y los marineros:
¡Todo en las llanuras de Méjico!
Y luego venía el estribillo:
Méjico, Méjico
Lejos Santana
Méjico es un sitio que conozco
Todas las llanuras de Méjico
Se seguía así con una frase del contramaestre, un ¡Lejos Santana! otra frase y otro ¡Todo las llanuras de Méjico! y otra vez el estribillo. La podéis oír pinchando aquin

Así, esta canción, llamada Santy Anno (pedazo de deformación de Santana, presidente mejicano) fue una de las más populares entre los balleneros de la zona costa este, (ciudades como Nantucket estaban repletas de ellos) que viajaban en rápidos barcos llamados Clippers, que conseguían hacerle sombra al motor de vapor, principalmente por lo penoso del motor en aquella época. Para marcar el ritmo de trabajo, entre Méjico y Méjico aprovechaban los marineros para tirar de las cuerdas.



Una de las Sea Shanties que más me gusta (he de admitirlo, el ritmo machacón de estas tonadillas marineras me encanta) es una llamada “A´Roving”, de herencia casi directa inglesa, que figura en el Rapto de Lucrecia de Shapeskeare (1608). Dice así:

In Amsterdam there lived a maid,
Mark well what I do say,
In Amsterdam there lived a maid
And she was mistress of her trade.

I'll go no more a roving with you fair maid
A-roving, a-roving
Since roving's been my rue-I-ay
I'll go no more a-roving with you fair maid.


Y aqui para oirla



Dejamos ahora los ritmos marineros de concertina y grog (dos analogías al mundo marinero que todo buen friki de la historia naval se conoce) y nos vamos al corazón de los estados juntitos. Allí, en las plantacioncillas de algodón, propiedad de un simpático terrateniente de látigo largo y mano rácana con la ración de gachas que dar a sus esclavos, encontramos otra clase de canción de trabajo, a mano de los esclavos negros.





Estos, que provenían de un país cuya música se te pega al alma (COÑO, que los negros de estados unidos vinieron de áfrica, no es que hayan salido de un árbol), cantaban para mitigar el dolor de los latigazos del amo blanco, que los hacía currar hasta la muerte. Podemos diferenciar dos tipos de Work Song en el ámbito de la esclavitud negra. El primero, es el que más suena, el que luego Woopy Goldberg acuchilló con saña en Sister Act, llamado Gospel. Ya sabéis, eso que cantan ahora en las iglesias negras, con trajes así como moraditos y amarillos. Pues un primitivo góspel es lo que cantaban mientras hacían las faenas de la hacienda. Con ello, criticaban su situación, lloraban por su tierra perdida, o intentaban sencillamente no pensar mientras recogían el algodón. De este tipo de música, procede el jazz, punto de partida común de toda la música contemporánea actual. Y es que estas canciones se hicieron tan populares que primero los amos blancos imitaban a los negros y su afición por cantar con los llamados Minstrels, hombres con la cara pintada de negro que mezclaban las operetas inglesas con la música de los esclavos, motivo por el cual, ahora se considera un acto racista pintarse la cara (por eso si vas a Estados Unidos en navidades, no intentes celebrar la cabalgata de reyes vestido de Baltasar o te llevaras una buena manta de hostias). Pero fueron los propios negros del Mississippi los que juntando estas canciones de trabajo con las marchas militares francesas tradicionales crearon el jazz. Y una buena prueba de ello son las tantas canciones que músicos como Amstrong rescataron de esa tradición oral para darles su toque.
Estas Work Song se hicieron tan populares que se han incluido nuevas en varias películas y musicales sobre la época, como la clásica “Old Man River”, que hasta sale en los Simpsons cantada por el doctor Hibert. Su letra dice algo así:

Ol' man river,
Dat ol' man river
He mus'know sumpin'
But don't say nuthin',
He jes'keeps rollin'
He keeps on rollin' along.


Canción aqui

Hay que entender que es un inglés de “cazurros”, es decir, que se escribe como escribo yo tó pa darle más gracia
Por lo general, como en las Sea Shanties, un cantante cantaba mientras el resto hacían los coros. A veces se acompañaban con un tambor, que acabó siendo prohibido para que no se comunicasen entre ellos (no olvidemos que la Capoeria, ese baile también machacón de origen Brasileño, surgió a manos de los esclavos portugueses como manera de entrenarse en el arte de dar mamporros camuflado como baile tradicional)


El otro tipo de canción de trabajo negra se llama grito de campo. Consiste en una serie de berridos cada cual mas exagerado que cantaban los esclavos encadenados encargados de picar piedra como castigo (mas adelante escarmiento común para navajeros y tipos de la misma calaña, pero blancos también, como signo de que su guerra civil sirvió para algo). Estas canciones basaban su ritmo en el golpeteo de los martillos contra la piedra. La estampa de los presos encadenados picando es bastante típica de Yankilandia. Y bueno, si quieres saber porque se llaman gritos de campo, solo escucha este ejemplo, en el cual, parece que el cantante se ha dado con el martillo en un dedo.
De estos gritos de campo, o Chaing Gangs songs, nació también otro tipo de canciones, cantadas por los trabajadores del ferrocarril, como la clásica I have been working on the railroad (la adaptación española patatera es la esa cancioncilla de: Trabajando con los rieles…)



Dejando ya de lado los estados podridos, nos vamos a ese país tan grandecito y nevado llamado Rusia.
Aquí hago una parada para hablaros sobre una canción de trabajo muy muy celebre que seguramente hayáis oído en películas sobre la URRS. Se trata de la conocida Canción de los remeros del Volga (si titulo en ruso era Эй, ухнем! Pero como creo que no te dirá nada, casi que mejor la llamo por su nombre en español, que se lo puso Falla al traducirla)
Esta canción, de un corte más melancólico y tristón que las anteriores, era cantada por los llamados Burlaks. Y te preguntarás ¿Qué coño es un Burlak? Pues para que te hagas a la idea, el imperio ruso era tan avanzado, que sus barcos avanzaban rio arriba en contra de corrientes y a través de cenagales gracias a una pila. Si, si, a una pila de hombres que con él esfuerzo de sus chepas, tiraban de los inútiles veleros que se quedaban estancados cuando el rio bajaba con un poco de fuerza. Cacho trabajo ¿Eh? No es de extrañar que esta práctica haya desaparecido con el tiempo y sobre todo con la llegada del motor y de los derechos humanos… Estos remolcadores, como ya he dicho, llamados Burlaks, que fueron comunes entre el siglo XVI y el XIX, tiraban de los barcos en una pesada tarea que realizaban campesinos de manera ocasional o regularmente de primavera a otoño (intenta tu arrastrar un barco por un rio congelado a veinte grados bajo cero que tiene el invierno ruso). El jefe de un grupo de Burlaks se llamaba Vodoliv, su subordinado era el Dyadya y el de este el Shishka, y ya debajo, el resto de tiradores llamados Kosny. Toda esta jerarquía parece que es la leche, pero al final, todos tiraban y todos se jodían le chepa igual, así que poca diferencia había entre Vodolivs Kosnys y demás pringis. Un símbolo típico de estos trabajadores era un sombrero con una cuchara atravesada (así se aseguraban supongo, que nadie se la mangaba).
Los Burlaks desaparecieron a mediados del siglo XIX, pasando de 600.000 a 150.000, para poco a poco ser sustituidos por máquinas, que cobraban menos (solo el carbón que necesitasen) y no se quejaban.
Ya extintos cual dodo, los Burlaks pasaron a ser héroes nacionales. Ala, ahora que ya no se puede hacer nada para mejor su calidad de vida, ahora los idolatramos. Y fue esta idolatría la que llevó a la creación de una canción, posiblemente inspirada en sus cantos de trabajo. El estribillo de la tonadilla, de tono penoso y patético, dice algo así:

Ey, ukhnem!
Ey, ukhnem!
Yeshcho razik, yeshcho da raz!
Ey, ukhnem!
Ey, ukhnem!
Yeshcho razik, yeshcho da raz!

Entre Ey, ukhem! Se iban dando pasos para tirar del velero, al igual que con la Sea Shanties americanas.



Esta canción de trabajo fue motivo de inspiración para este cuadro del pintor real-socialista (OJO, que no nacionalsocialista) Ilya Repin, que utilizó Burlaks reales como modelos. La canción fue muy apreciada en la URRS por eso de hablar del trabajo a destajo, solo que en vez de ser explotados por el zar, eran explotados por el pueblo ruso, nombre artístico del amigo Stalin. Ha sido interpretada a lo largo de los años por múltiples coros y solistas, como Paul Robeson, un cantante de las work songs negras y devoto socialista, activista negro estadounidense que grabó la única versión del himno de la URRS en inglés después de la victoria aliada (cuando rusos y americanos, con las manos llenas de sangre alemana, se abrazaron sobre los restos de Berlin). Su versión clicando en aquí.

Volvamos ahora a España, a casita que llueve. Ya habíamos hablado sobre las txalapartadas de las sidrerías Vascas. No obstante, España está repletita de canciones de trabajo cada una más dispar que la anterior. Siguiendo la idea de la base rítmica que proporcionaba el propio currelo, encontramos una de mis favoritas y la que puedes practicar en casa sin necesidad de un barco del que tirar o estar picando piedra. Se llama ritmo de panaderas, que nace en las zonas rurales de Castilla. Acompañaba trabajos relacionados con la fabricación del pan, sobre todo, la cansina tarea de amasar a base de leches. Estos golpes, como ya había explicado con la sidra, fueron utilizados como base de algunas canciones populares. Vemos aquí un ejemplo.

Si quereís aprender e inventaros vuestras propias letras, el ritmo, según Wikipedia, se hace así:

-Golpe con mano extendida en la mesa
-Puño sobre esa mano
-Vuelta y vuelta de la mano que extendimos al principio
-Puño sobre la mano al igual que en el paso 2
-Puño sobre la mesa
-Palmada
y vuelta a empezar



Otro tipo, basada en el ritmillo de los cascabeles de los arados, son las canciones de arado (originales en la letra, pero no en el nombre del estilo).


Como vemos, todos los países del mundo (más o menos) tienen sus canciones de trabajo. Hoy debemos a todas ellas los diferentes estilos musicales que tenemos, ya que si solo se hubiese inspirado en la música clásica, cantaríamos en latín canciones de varias horas o que sencillamente no tendrían letra. Pero, como vemos, los impulsos del ser humano por la música repetitiva y sencilla, pueden con los grandes compositores.

En fin, y esto es todo amigos. Pedazo artículo que he parido cual embarazo de trillizos. Desde luego, a partir de ahora, cuando vea a los enanitos de blancanieves, me los voy a imaginar como a los remeros del volga, cantando para mitigar el dolor de currar como mulos y encima, ser bajitos

martes, 24 de enero de 2012

Los tulipanes de la ira




Vale, es cierto que ahora mismo, nuestra gráfica económica ha bajado tanto que nos ha metido de lleno en la suculenta y pegajosa mierda de la crisis. Tenemos el marrón hasta el cuello y eso nos pasa por haber especulado. Hemos creado dinero donde no lo había. Pero ¿Cómo es eso? ¿Eso supone imprimir dinero falso? ¿O usar el del monopoli?
Pues para que entendamos mejor él porque del porrazo que nos hemos dado contra el frío suelo de la recesión, hablemos de una de las mayores crisis del mundo. (y no, no va la cosa de la crisis del 29, así que olvídate de charlestones y cine mudo)

Fijamos nuestra atención en ese sitio lleno de florecitas y quesos. Exacto, nos vamos a Holanda, donde todo parece más ñoño, huele a dulce golosina y pastel. ¿No os habéis preguntado hasta ahora porque ese país tiene 12.000 hectáreas dedicadas a la crianza de esa flor tan tonta que es el tulipán? ¡Si lo tienen hasta en la sopa! En todas partes florecitas, y venga y ala, les deben de salir hasta de las orejas. Pero ¿Por qué ese empeño con las flores? ¿Es que todos sus empresarios son mariposones? ¿Es que detrás del gobierno de Holanda hay un tulipán radioactivo con conciencia propia que planea exterminar la humanidad para imponer su especie? Quizás se piense que esta última paja mental es digna de tratar con lobotomía, pero no anda muy lejos del auténtico motivo .A ver, igual sale ahora el listo que dice “Los plantan porque su suelo es idóneo para ello etc etc etc” y otros rollos botánicos que solo nos aburrirían, pero yo voy a la razón histórica.
Ahora, fijando nuestra atención en Holanda, nos requetrotaemos en el tiempo hasta que el panel de control del Delorean nos marque 1595. ¡Coño que flash! Si ya no hay autopistas ni una esperanza de vida de 90 años... En fin, Holanda era, por aquella época, centro del comercio mundial, donde cada dos por tres un filibote descargaba cual charlatan ambulante, objetos y mierdecillas traídas de la lejana china, la exótica india o la cálida indonesia que los millonetis se apresuraban en comer, probar, esnifar o fumar como si no hubiese un mañana. La llegada de un convoy de la VOC (compañía holandesa de las indias orientales) era para ellos lo que hoy para nosotros es la tele tienda. Muy vanidosos ellos, se compraban cosas cuanto más raras mejor. Y nada nada, a gastar millones en porcelana, que el dinero no está para guardarlo. Pero claro, a la larga estos vicios orientales llegaban también al pueblo llano, primeramente, a los marineros que viajaban en estos filibotes. Un bar en Amsterdang es célebres por haber aceptado pagos de cuentas con monos. Y yo me pregunto ¡¿Qué haría el tabernero con los micos?! Yo supongo que tenerlos de trabajadores pasando la escoba.



Como vemos, a los holandeses, que nadaban en pasta por ser la ventana al mundo del comercio, les encantaba gastar su dinero en cosas raras para demostrar que tenían de tó. Pero había algo que no podían comprar (y no digas amor, que en aquella época eso no era del todo cierto) y eso es una extraña planta que un botánico con cara de sapo guardaba en su colección privada de plantas. El cara sapo, conocido como Carolus Clusius los llamaba los mentados tulipanes, nombre que no era el original, ya que habían venido en la maleta de un embajador que en el imperio Otomano había encontrado estas flores llamadas “Lale”, pero que por un error, llamó tulipán (él, que se le ve que entendía muy bien el idioma, entendió que los “Lale” se llamaban “Turban”, es decir, confundió su nombre con el de los turbantes). Los tulipanes los guardaba el cara de sapo en el jardín botánico de una universidad donde era profesor, sabiendo que todos sus “colegas” naturalistas los codiciaban. Eran el centro de atención de todos por su rareza y resultaban muy atrayentes… Y allí guardaditos y seguros, él los tenía sin compartirlos con nadie. Es de entender que algún misterioso ladrón se tomase la justicia por su mano y se llevase las florecitas. Pero no para pedirle un secuestro enviándole pétalos por correo, sino por la curiosidad tenerlos. En poco tiempo, se hicieron famosos y prolíficos.





En realidad, la planta es simplona y poco aporta, eso sí, se puede usar para hacer queso, pero poco más. No cura ná, no huele, solo está ahí, sin más. Pero si había algo que encantase a los holandeses de la plantita fue su factor sorpresa. Y es que la planta era como un huevo Kinder,o como la caja de bombones de Forest Gump, nunca sabías que iba a tocar. Lo mismo salía de un color, que de tres, que no salía. Era todo un acontecimiento levantarse a la mañana y ver de qué color te habían salido los tulipanes. Como vemos, si este era un tema de actualidad, la vida tenía que ser aburrida de narices.

Los millonetis pronto comenzaron a interesarse por la planta y mandaron a tomar por culo la porcelana. Toda la nobleza y burguesía los lucía y se convirtieron un símbolo de poder, como las joyas. Comenzó a comprarse en masa y poco a poco alcanzaron precios astronómicos por eso de la oferta y la demanda. Pero cuando digo astronómicos es astronómicos. Pongamos varios ejemplos de los más famosos.

Algunas compras registraron pagos de 100.000 florines por 40 bulbos de tulipán (por así decirlo la semilla) que equivalía al precio de 417 cerdos. Por si no andan los lectores muy enterados en el precio de 417 cerdos en 1635, equivaldrían a 17 millones de euros hoy en día. Llegaron a cambiarse mansiones, molinos y demás propiedades por uno o dos bulbos, que se utilizaban como regalo de boda o signo de estatus social.
Una vez un marinero confundió un bulbo de tulipán de 3.000 florines del jardín de un mercader con una cebolla y se lo comió. Fue condenado a seis meses de prisión ¡Y eso que seguro que la “cebolla” le supo fatal!
La euforia parecía no tener fin. A raíz de esto, toda la economía aumentó y claro, no solo los millonetis se vieron afectados.
Surgieron muchas revistas sobre el tema que explicaban cómo aprovecharse del cojochollo de los tulipancillos. La compra venta llegó a niveles tan demenciales que llegaron a comprarse y venderse bulbos que no existían, dando lugar a cheques y billetes por valor de varios bulbos. Gracias a ellos, se creó la primera bolsa de valores del mundo ¡La especulación inventada por el ansia viva de la vanidá y la cursilería floril! Todo este fenómeno fué llamado Tulipomania, y creo que es obvio porqué.

Eran el pilar angular de la economía holandesa, que de la noche a la mañana ya era mucho más próspera. Algún que otro puritano se quejó, pero solo porque consideraba la especulación una hija bastarda del juego, eso que tanto odiaban los curas por poder hacer a los pobres ricos y a los ricos pobres (no les gustaba que les rompieran los esquemas).

PERO, todo se jodió un 6 de febrero de 1637. Viernes, después de comer. Un mercader pone a la venta medio kilo de tulipanes por 1.250 florines. Pero nadie compra. Se empieza a tirar del cuello cervantino. Le entra el agobio. No se compra y pronto los precios empiezan a bajar. En menos de 20 días los bulbos ya no valían una mierda pinchada en un palo. Y claro, pasó lo que ha pasado ahora: No solo se joden los millonetis, sino que además pagan el plato los currelas, pequeños burgueses, pobres y demás que dependían de toda la pastaza gansa que movían las plantas.

Y claro, habiendo sumido al país en la mayor ruina, es de entender que se cagasen en el tulipán y en su bulbo y lo pusieran como la flor de la locura o el negocio del diablo. Claaaaaro, ahora que te ha jodido la economía, AHORA es un negocio del diablo. Pero cuando te forras vendiéndolos son maná divino y alcanza niveles celestiales. Tanto el tulipán, como la horticultura como la diosa flora, pasaron de ocupar el lugar central de bodegones, retratos y otras cursiladillas a ser cosa de cuchufleta u objeto de odio que señalar con el dedo.

Pero amigos, si os estiráis de la oreja y ponéis atención para haber si suelto el truco pa salir de la crisis especulativa, debéis comprender que el caso de Holanda no fue el mismo que el nuestro. Si, es cierto que debían pasta a todo quisqui, que se había hundido la bolsa y que mucha gente se había arruinado, pero, todavía tenían la VOC, los filibotes y la lejana china, la exótica india y la cálida indonesia de la que sacar mas joyitas que colocar al resto del mundo. Pegando los cachitos que habían quedado de la porcelana, la metieron en los barcos y se la adjudicaron al resto del globo. Lo que quiero decir es que su país no se basó únicamente en las putas flores, sino que además tenían con que dar empleo, pasta y otras tantas chuminadas que llegaron a hacer que su economía fuese mejor que con los tulipanes.

Pero ¿Qué hacer con tanta flor? Pues venderla. ESO SI, a precios normales y para poner en macetas, no en escotes o bodegones.

Y bueno, os preguntareis. ¿Y cuál era el motivo de que lo sigan cultivando, y más ahora que le dan atribuciones malévolas? Pues como monumento de 12.000 hectáreas de que la especulación es como los tulipanes: Muy bonita, pero que se marchita.

lunes, 9 de enero de 2012

Y el perro flaco, merodeando, se va...






Al margen del animal que tengamos mandando al país, una nación siempre se ha caracterizado por un bicho en concreto. Así como los ingleses con su Leoncio, la Rusia zarista con sus águilas y la roma imperial con su loba, España tiene… No sé ¿La cabra de la legión?
No somos un país de muchos animales, más bien nos los cargamos en los ruedos. Bueno vale, a veces el león pero ¿Qué país no lo ha tenido? Decidido a buscar un animal que poder considerar nuestro, me encontré con la historia de uno de los mayores héroes españoles. No hablaba español, no se sabía el himno, no reconocería al rey ni sabía muy bien que era un héroe ¿Cómo es esto posible? Porque se trataba de un perro, concretamente, un alano llamado Becerrillo.

Becerrillo fue como ya he dicho, un perro. Sirvió a las tropas españolas como perro de combate durante la colonización de América. Por aquel entonces los perros no estaban para tirarles la pelota, sino más bien, para mandarles traer las pelotas de quién quisieras. Los españoles en concreto se las arrancaban a los indígenas que intentasen escapar de la comodísima vida de esclavo de las plantaciones u otros trabajos temporales que España amablemente traía al nuevo mundo junto con las fiebres y la religión. Así pues, se utilizaban los perros como manera de pararles los pies (o arrancárselos) a los indios que les diese la venada e intentasen huir.

El tal Becerrillo fue uno de estos perros psicokiller que los Españoles entrenaban en la isla de La Española. Pronto el perro destacó por su tamaño descomunal y la facilidad para cercenar huevos y otros miembros menos importantes a los que intentasen escaquearse del trabajo. Al fin y al cabo, su raza, Alano español, no solo era un símbolo de castilla, sino que encima era mezcla del Dogo y el Mastín, ambos poderosos perros de presa.




Entregado al explorador Sancho de Aragón, se fue a vivir aventuras mata-indios por la isla de San Juan. El perro se convirtió pronto en un símbolo para las tropas, ya que al contrario que otros perros esquizofrénicamente sádicos, solo atacaba a los indígenas. Por lo visto, aquello de llevar perros era más bien como si para librarte de tus vecinos le prendes fuego al piso, una manera desesperada de causar más caos. El perro debía de haber aprendido que los tipos de plumas y cerbatanas eran los “malos” y los de las corazas, escorbuto y mosquetones los buenos, o mejor dicho, aquellos que le daban de comer. Además, en vez de salírsele la cadena y montar ahí una orgía de huesos y sangre, se limitaba a una vez atrapado el indígena, arrastrarlo hasta el amo y esperar allí nuevas órdenes.
Y nada, como un miliciano de estos grillados, el perro le era más fiel a su patria que los propios generales.

“Becerrillo no era lindo pero de gran entendimiento y denuedo porque entre doscientos indios sacaba uno que fuese huido de los cristianos y le asía por un brazo y le constreñia a venirse con él y lo traía al real y si ponía resistencia lo hacía pedazos. Y a medianoche si se escapaba un preso, aunque fuese a una legua, diciendo “ido es el indio” o “búscalo”, daba en el rastro y lo traía”
Gonzalo Fernandez de Oviedo

Una anécdota que le valió al perro niveles de santo fue la que ocurrió cuando Diego de Salazar, dueño por aquel entonces del can, le dio por divertirse... Como ya sabemos, por aquel entonces la idea de diversión era un poco distinta a la que tenemos hoy. Si hoy vemos pelis violentas, ellos veían teatro y sin efectos especiales… Salazar encontró a una viejecilla indígena escondida detrás de un arbusto. Como sus hombres y él acababan de matar a unos cuantos nativos y seguían con el calentón, amenazaron a la vieja con matarla si no entregaba una carta al gobernador de la isla. La vieja, dándoselas de Maratón, puso pies en polvorosa con la carta en la mano. Y claro, aquello era la señal de ataque del monstruoso animal que Salazar sujetaba ya con todas sus fuerzas. Cuando la vieja estaba a una distancia considerable, soltaron al perro y este emprendió la persecución.
Al llegar al encuentro de la vieja, la señora se arrodilló y temblorosa, le pidió al perro que no la matase ¿Qué pasó? ¿Carnicería y riñones volando por los aires? Pues en realidad no. Lo que el perro hizo fue mirarla y pasar de ella. Aquí se pueden sacar dos teorías. La primera, fue la que sacó la iglesia, que lo llamó santo, enviado de dios y la leche o la segunda que es la siguiente: Becerrillo solo atacaba a aquellos que pretendieran huir. Al ver que la señora no intentaba nada sino que se echó al suelo mostrando que no era ninguna amenaza, el perro, adiestrado para ello, dio su labor por terminada. En cualquier caso, el perro demostró mas disciplina, sentido común y honradez que Salazar. Es triste ¡Pero su modelo de conducta era el perro!

Fue quizás por eso por lo que Becerrillo fuese tomado muy en consideración por todos los que lo conocieron. Recibió en varias ocasiones incluso más comida que los infantes de su pelotón y llegó a cobrar un sueldo, el mismo que el de un ballestero, que seguramente guardaría en un plan de pensiones para cuando le llegase ya la edad…

No obstante, como dijo el jefe Wigum: Le faltaba tan solo un día para jubilarse…
Tras varios retiros y años sabáticos, el perro pasó sus últimos días en compañía de Sancho de Aragón. Como vigilante de la hacienda de la mujer de un explorador, vio que a los nativos no se les tenía muy controlado. Y nada, que se encargase el perro. Pero con perro o sin él, la hacienda cayó en manos de los caribes y solo Sancho se salvó de la poda de cuello, pero fue mantenido como rehén. Becerrillo, como en los viejos tiempos, consiguió salvar a Sancho de un gran número de caribes, pero por mala suerte o por la licenciatura en balística avanzada de los caribes que vinieron en canoa a reconquistar la hacienda, a Becerrillo le clavaron una flecha ponzoñosa. Pero aquí no acabó la labor del perro por su país. ¡Que va, si aquí se aprovecha to! Que mayor honor que estar muerto como el Cid, metiendo miedo ya fiambre. Para seguir asustando a los indígenas, y teniendo muy en cuenta al pobre animal, lo enterraron en secreto en vayaustedasaberdonde y así no dejar claro si el perro vivía o no, pasando a ser ahora un ser casi mitológico.
No obstante,el asunto canino famoso no acaba aquí. Su hijo, Leoncillo, fue el primer perro (y posiblemente también de los primeros seres vivos de Europa) en ver el Océano Pacífico. Con la misma mala baba que su padre, consiguió incluso eclipsar a su padre, que había sido, fíjate tu qué cosas, el primer perro en ver el océano Atlántico.
Y ya que estamos hablando de perros, para no descontentar al público femenino, cito aquí también a la llamada Lebrela de Terminos, una perra española que fue se quedó en la isla de Terminos, hoy en día Isla del Carmen, durante diez meses. Hay varias versiones de porqué la perra se quedó, pero el caso es que fue abandonada por una expedición que exploraba la isla. Diez meses después, otra expedición, en concreto, la de Cortés, ese de las barbas y las manos llenas de sangre de Azteca, encontró a la perrita dando saltos de alegría, gorda y hermosota. Demostrando que no solo tenía buenas dotes para la supervivencia, sino también buena memoria, trajo a la extrañada expedición una colección de trofeos de caza, a la espera posiblemente de un “perrito bueno”. Allí se la llevaron de vuelta y tras darse a conocer su historia, fue incluida en numerosos libros de leyendas.

En fin, como vemos, España a tenido un pasado perro, pero precisamente, no fue a costa de sus perros, sino de sus amos…

Dedíquele una canción
Que ese perro es un artista
En dramas especialista
Y sabe bailar el son